
Lima, sin fecha: Muchas veces observaba impotente como en el congreso los bandos o bancadas que nos representaban peleaban entre sí, con insultos, golpes y huelgas por defender su posición, o atacar incesantemente al otro para debilitar su posición y hacer ver la de ellos "no tan debil". La pregunta del millón es, tomando en cuenta que estas personas nos representan, y luchan entre ellos a capa y espada por presentar las mejores propuestas por nuestro bienestar, por qué tan pocas veces lograron grandes mejoras, y por qué seguíamos sin percibir nada de ellos. Este ejemplo, lo podemos traducir en la vida diaria a nuestro círculo familiar, el trabajo, la vecindad, el planeta, en fin, hay múltiples ejemplos en los que finalmente, desmoralizados tirábamos la toalla y caíamos en el juego de la desesperación y el desamparo. Es así, que, cuál congresistas y bandos bloqueábamos las carreteras, luchábamos entre hermanos (nativos, policias, campesinos) y al final de cuentas, no lográbamos nada, todo seguía igual, pero con más odio y rencor. Y es que, había una lección que no habíamos aprendido y era que nos estábamos comportando tal cual ese grupo al que criticábamos, aunque, al igual que ellos, pensáramos que nuestras intenciones eran las mejores.
Las buenas intenciones no se logran con la guerra, la lucha o la imposición, menos aún sembrando el odio y el rencor entre los "bandos". Criticando al otro y ridiculizandolo solo logramos desunirnos más y en consecuencia ver menos las cosas que nos unen, que son las únicas que nos pueden sacar adelante.
Y, si la realidad era tan oscura, ¿cómo cambiar tanta oscuridad, tantas personas mal influenciadas y tanto rencor que muchos guardan dentro?
La respuesta es con comprensión, compasión y persistencia. Siempre mostrando el camino de la solución y de las propuestas, comprendiendo la desesperación del otro y sus errores, sin destruirlo, por el contrario, ayudándolo a mejorar y sentir que siempre hay una nueva oportunidad. Cuando alguien te cierre una puerta, perdónalo y muéstrale el camino de la luz, hazlo sentir que puede ser mejor. Tal vez la primera vez creas que el gana, y la segunda quizás también, pero pronto te darás cuenta como esa luz con la que le alumbras el camino lo empieza a iluminar y aunque tarde un poco a veces, pronto él será otro faro que alumbre otros caminos. A esto le llamo yo enseñar con el ejemplo (proyectar nuestro yo interior hacia fuera) mostrando lo correcto de la manera correcta, pero con mucha humildad, sin egos, sin querer hacerle sentir menos, al revés, haciéndolo sentir grande, y eso se logra cuando uno realmente se siente grande por dentro pero es humilde, dos cualidades que de la mano, vienen cambiando al mundo desde ya un buen tiempo.
Sí, es un proceso, y el cambio se inició hace un tiempo, pero aún hay mucha gente, medios, noticieros que se empeñan en hacernos creer que las cosas siguen igual. En ese caso, sigamos iluminando el camino y despejando las supuestas grandes sombras y dudas que el pequeño caos quiere sembrar.
Y recuerda que un faro sólo puede alumbrar el camino de los barcos, si realmente tiene dentro la luz encendida y bien alineada. Desprendiendonos de todas nuestras dudas, sombras y miedos, pronto dejaremos salir esa luz que llevamos dentro y apuntar alumbrando hacia donde lo necesitemos. Así contagiamos al resto, una vez más, con el ejemplo y con la humildad.
Pero siempre ten claro que sólo podremos generar la paz, el amor y la unión, si nos empeñamos en mirar lo mejor de los demás. Eso nos permite también, dejar salir lo mejor de nosotros.
KAJILUN
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